“Camporro, Daniel Camporro, así se llama, es el jefe de plástica del hospital, un cirujano excelente, de lo mejor, y especialista en manos; hazle una llamada al móvil, la está esperando”, Pero ya tengo cita la semana que viene, “Da igual, llámale en cuanto puedas sin problema que como te digo, espera tu llamada”. Eso me contaba una buena amiga que conocía bien al Doctor Camporro. Era el día +5.
¿Doctor Camporro?, “Sí, dígame”, Soy Manuel Paz, llamo de parte de Sara, es que he tenido un accid… “Sí, ya sé, pase el lunes por la consulta, a primera hora”, Tengo cita para el viernes, “Pero no vamos a esperar, pase el lunes, lo vemos y hablamos”, Bien, muchas gracias.
Daniel Camporro camina siempre con paso firme, como cuando uno sabe seguro a donde va y no hay muchas cosas que merezcan contemplación, así que la bata blanca se le acampana un poco hacia atrás por efecto del aire. Detrás de las gafas hay unos ojos que miran muy fijos sin incomodar y encima -de los ojos- se dibuja un pelo liso aflequillado que le confiere a la cara cierta atemporalidad, así que si alguien me preguntara por la edad diría que entre 17 y 47 años.
¿Daniel? -Garay, mi traumatólogo bilbaíno de cabecera- “Sí, ¿qué tal estás?”, bien, animado, acabo de salir de la consulta con el cirujano, Doctor Camporro, y se llama como tú, “¿Y qué te ha dicho?”, Que lo van a estudiar a fondo, que la intervención es complicada porque si al menos tuviera la mitad de la segunda falange… “Pero está casi al ras de la articulación, sí, complicado, pero ya está bien que no lo descarten, es que alguna posibilidad le ven”, Vuelvo la semana que viene, ya te llamo con lo que me digan.
Detrás de la mesa miraba fijo sin que le pudiera contar no más de media docena de parpadeos y calculé que con aquel hombre no había lugar ni para las pausas ni para las prisas. “Esto no se ha hecho nunca aquí, hay un cirujano en Taipei que sí ha implantado algún meñique; en Santander está el Doctor Piñal, tiene mucha experiencia y estamos en contacto con él habitualmente; y nosotros, son las opciones que tienes”, Vosotros, vosotros, que ya sé de lo que sois capaces.
¿Daniel?, “¿Qué te han dicho?”, que lo pueden hacer, “Bien, ¿y te hablaron de las posibilidades de éxito?”, me preguntó si fumaba o si había fumado, al decir que no me dijo que del noventa por ciento “¡Mecagüen… menuda seguridad que tienen!, en fin…”, Bueno, ya te sigo contando.
Tampoco le sobran ni le faltan palabras y uno duda de que este hombre haya tenido alguna vez alguna duda, ”Entre 8 y 10 horas dependiendo de cómo se nos dé”, ¿Con anestesia general?, “Claro, en todo ese tiempo no podemos estar pendientes del paciente” Bien. “Te quedará totalmente activa la primera articulación pero la movilidad en las articulaciones del implante está casi imposible”, Pero la primera es la más importante para tocar la guitarra, con esa me valdría, “Además, será un dedo feo, que es del pie”, no era momento de gracietas así que lo pensé pero no lo dije: mientras no huela…
Hola Daniel, “¿Qué hay de nuevo?”, Varias cosas, me implantarán el segundo dedo, aún no sé si del pie izquierdo o del derecho, “Bueno, bueno…”, Ya sabes, una operación con microscopio. ¿Qué dicen los de plástica de tu hospital? “Que es complicada la intervención, aquí no la harían…”, Oye Daniel, ¿cómo ves esto? “¿Sinceramente?”, Sí, “Pues una aventura, pero como los veo tan seguros tienes que estar tranquilo”, Estoy, estoy, además, no tengo otra salida si quiero tocar la guitarra y me la están dando.
En aquella habitación 115 con vocación de invernadero por prescripción facultativa entró el Doctor Camporro 5 días después de la intervención y se puso a quitar el vendaje como quien desenvuelve un regalo sabiendo que le va a hacer ilusión; mientras daba la última vuelta a la venda me pareció que no pudo disimular el orgullo: “He aquí un dedo, ¿qué te parece?”, Maravilloso.
Daniel… “Sí”, Camporro me acaba de quitar el vendaje y ya he visto el dedo completo y la mano, “¿Y cómo está?” pues inflamado, rodeado de suturas, pero, increíblemente, con el mismo color que los que llevaban ahí toda a vida, “¡Asombroso!”, ¿Te parece?, “Pues lo que te han hecho es un alarde de tal calibre… aquí están todos impresionados”, ¿En serio?, “Claro, es alucinante todo pero lo formidable es la seguridad que han tenido en todo momento. Con ese equipo y tu condición física y mental se han alineado los astros”.
Mirando mi mano delante del Doctor Camporro, contemplando aquellas suturas falsamente caprichosas que por sí mismas explicaban el prodigio médico y humano, pensé: ¡Qué grandes sois tú y tu equipo!.
(Mientras escribía esto, los días +117 y +118, las articulaciones del recién llegado, esas que era casi imposible que se movieran, se están moviendo, y con cierto desparpajo. ¡Qué cosas!.)